(*) "Fundamentos de la práctica analítica" Seminario : "Lacan y el
retorno a Freud: comienzo de una enseñanza". EFBA. Clase del 8-9-93
La idea para el día de hoy es desarrollar el mito del Amo y del
Esclavo. Para ello primero voy a hacer una breve introducción a modo de
comentario sobre Hegel.
La presencia de citas de Hegel, sobretodo en los primeros seminarios y
en "Los Escritos" de Lacan son innumerables. Esto pone de manifiesto la
inestimable influencia que ejerció este filósofo sobre él. Influencia
que llevó a más de uno a preguntarse si él era hegeliano.
Esto se puede encontrar en "El Seminario XI"[1] cuando J. A. Miller
hace un comentario y concluye con la siguiente pregunta:"En una
palabra, ¿no hay que entender: Lacan contra Hegel?".
A lo que Lacan responde: "... justo lo contrario de lo que acaba de
decirme Green –se me ha acercado dándome la mano ,al menos moralmente
,y me ha dicho: "Muerte del estructuralismo, usted es el hijo de
Hegel." No estoy de acuerdo. Creo que al decir Lacan contra Hegel,
usted está más cerca de la verdad, aunque, por supuesto, no se trata en
absoluto de un debate filosófico."
Dr. Green: "¡ Los hijos matan a los padres !"
Este seminario es del año 64, es decir casi once años después de los
primeros de su enseñanza y siguen las marcas de Hegel que Lacan irá
"superando" progresivamente con su propio trazo.
En "El Seminario XVII" [2] el desarrollo del mito del amo y el esclavo
está tomado en otros términos. Aquí va a hablar del S1 y del S2. El
primero referido al "significante amo" (también nombrado como ideal del
yo, verdad, rasgo unario), y el segundo (S2) correspondiente al campo
del esclavo y es también el significante del saber.
En este mismo seminario dice que la historia de la Filosofía, es la
historia de la sustracción del saber del esclavo para llevarlo al
bolsillo del amo.
Para Lacan, Hegel y Freud confluyen en un punto, en el tema de la
muerte. Así como es imposible pensar el sujeto sin la acción negatriz
en Hegel, lo es pensarlo en Freud sin la castración.
Hegel no es dialéctico
Lacan estudió Hegel con Alexander Kojeve, autor entre otros textos de
"La dialéctica del amo y del esclavo"[3] y "La dialéctica de lo real y
la idea de muerte en Hegel"[4], textos que escogí para comentarles hoy.
Hegel dice ser un observador, un descriptor de lo real. El sería ese
espejo donde lo real se refleja. Sería un a especie de viejo Sabio que
– como espejo – está reconciliado con lo que "es", y esto, ahora ya no
puede ser negado.
En tanto Sabio, ha alcanzado la "verdad absoluta" y con esto concluye
el movimiento dialéctico porque no se lo puede negar más. Luego
volveremos sobre esto.
El método dialéctico
Hegel fue el primero en abandonar este método que es tan antiguo como
la filosofía misma. La dialéctica se basa en el diálogo, en la
discusión con el adversario con el fin de convencerlo y/o refutarlo.
En Platón las discusiones sofísticas expresan las tesis, las antítesis
y las síntesis por medio de los personajes. Sócrates generalmente
encarna la antítesis de las tesis que afirman sus interlocutores, y la
síntesis la realiza el auditor, que es el escritor mismo. En este caso
Platón.
En Descartes el método dialéctico sobrevive como meditación y en Aristóteles como método aporético.
En este sentido Hegel ya no tiene necesidad de dialogar más, ni con los
hombres de la ciudad, ni tiene necesidad que Dios le revele la verdad
como a los autores mencionados. Tampoco le hace falta discutir consigo
mismo porque se beneficia con las discusiones de los que le
precedieron. No discute más.
Si hasta acá el método filosófico por excelencia era la dialéctica, con
Hegel la dialéctica deviene real; simple y pura descripción.
Categorías ontológicas.
Hay tres categorías fundamentales en Hegel, ellas son:
A) Identidad.
B) Negatividad.
C) Totalidad.
La identidad profesa el ideal del acuerdo del pensamiento consigo
mismo, promulga la homogeneidad. Se trata de una entidad dada que
existe en sí misma. Corresponde a una fase del pensamiento que es
necesario superar.
La negatividad o acción negatriz corresponde al propio acto de suprimirse dialécticamente. Constituye el ser-para-sí.
La negatividad no llega a la destrucción pura y simple, sino que
desemboca en una nueva determinación positiva. Esta es la categoría
principal de la dialéctica.
La totalidad es el ser-real-completo (revelado). Es la vez identidad y
negación. Es no sólo existencia empírica (ser dado, sein), sino también
acción (negación).
Entonces, el ser-real-concreto , lo es en su totalidad y es revelado por el pensamiento "positivamente racional".
La totalidad es: ser –en y para-sí.
Veamos con un pequeño ejemplo cómo funciona esto:
La negación de "A" tiene un sentido positivo porque es negación de "A"
y no de "N" o "M". Además "A" se conserva en (-A) (supresión
dialéctica). Ahora, (-A) no es la nada pura, es nada pura cuando
permanece aislada, indeterminada. Ahí representa la Libertad Absoluta.
En el ejemplo dado, la entidad "A", limita esa libertad absoluta del NO (-), es decir, la concreta.
Con esto, la Nada pura o Muerte (absoluta) queda acotada por la determinación de "A".
De este modo (-A) es una totalidad que incluye a ambas (-) y "A". A esta totalidad la llamamos "B". (ver gráfico).
En "B" se conserva tanto el (-) como el "A" que permanece negada, suprimida o sublimada.
La síntesis "B" alcanzada pasa ahora a ser una nueva tesis de otro
ciclo dialéctico que ha de negarla y reafirmarla. Y esto en un
movimiento sucesivo, progresivo pero no infinito.
Al llegar a "N", se detiene la dialéctica activa; porque negar N, (-N), es afirmar "A".
"N" es el punto de detención de la dialéctica activa. Y "N" pasa a ser
la totalidad de todo lo que ha sido afirmado, negado y re-afirmado.
"N" representa el punto del ser-en-sí y para-sí. Es el
ser-real-autoconciente, es la libertad que se expresa en una acción.
Aquí observamos los dos modos que tiene esa acción de manifestarse: una
es la lucha y la otra el trabajo.
Bueno, por medio de la lucha y el trabajo (acción negatriz) el hombre
sale de la Naturaleza –que es sinónimo de espacio- e ingresa en la
Historia –que es sinónimo de tiempo. Hay una caída en el tiempo.
Por eso el hombre es un ser histórico. Esto lo diferencia del animal
que permanece en la Naturaleza como ser-dado. Tenemos aquí operando lo
simbólico en todo su esplendor.
Se trata de Historia, se trata de presentificar el pasado y esto sólo
es posible con lo simbólico. Habrá u Yo histórico cuando haya negación
en el presente de lo que ha sido en el pasado.
La muerte y la Libertad.
La muerte tiene un valor fundamental en Hegel, tanto como la castración en Freud.
La Negatividad incorpora la dimensión de la muerte , mediante esta acción, la Nada penetra en el ser.
Cuando la nada penetra en el ser se pasa del ser-en-sí al ser-para-sí , pasaje que se da por superación (aufhoben).
En todo caso siempre se afirma, se niega y se re-afirma el ser.
En cambio cuando Freud habla de negación es para decir que algo se está
afirmando, no el ser, sino un significante que introduce la falta del
ser.
Si para el existencialismo la palabra es la morada del ser, para el
psicoanálisis el lenguaje es lo que expulsa (ausstosung) algo del orden
del ser.
Lo que cae por acción del lenguaje (en rigor por el significante), es
el objeto "a" y es ahí donde podemos localizar el ser en psicoanálisis.
Un ser en falta.
En Hegel el ser está dado (ser-en-sí .
Pero lo más sobresaliente del pensamiento hegeliano es que es un
sistema de pensamiento que alcanza un saber que abarca todo. No deja
resto.
Cuando el joven Hegel habla del amor, le reprocha al mismo que solo
provee un reconocimiento privado. Por lo tanto, por más felices que
sean los amantes nunca alcanzarán una satisfacción plena porque a lo
que el hombre tiende es al "reconocimiento universal". También dice que
la re-unión de los amantes en el amor no sería posible sin la presencia
de la muerte en la separación. Por lo tanto entre el momento de
separación y el de re-unión se ha instalado el tiempo, por efecto de la
muerte.
Ahora voy a tomarme un pequeño desvío por el "Seminario II".[5] Allí
Lacan dice que la palabra responde, no a la distinción espacial del
objeto, sino a la dimensión temporal porque el nombre del objeto es el
que le da "cierta permanencia de aspecto a través del tiempo".
Luego continúa: "el nombre es el tiempo del objeto".
En esta misma dirección, en el Seminario I alude a Hegel diciendo:
"Recuerden lo que dice Hegel: el concepto es el tiempo de la cosa
(...)el concepto siempre está ahí donde la cosa no está."
En "La Tercera"[6] se puede apreciar el estrecho vínculo entre la muerte y lo simbólico.
Volvamos a Hegel, para él, la muerte se le presenta al hombre en y para
sí , es decires la nada pura, lo universal afecta a lo particular, al
ser dado.
¿Cómo se expresa la relación entre la muerte y la libertad?
Si imaginamos donde alguien está siempre bajo la égida de Dios
omnipotente, la facultad de la muerte se presenta como la aparición de
la libertad. O como dice Hegel, donde hay vida eterna y por lo tanto
Dios, no hay lugar para la libertad ni para la individualidad para la
historicidad humana.
En consecuencia el hombre no estará satisfecho hasta lograr su propia
individualidad. Pero esta individualidad supone la libertad, la
historicidad y la finitud.
Deseo y reconocimiento
El Yo del deseo es un Yo vacío que se dirige a un no-Yo con el fin de asimilarlo. Este no-Yo es lo deseado.
El movimiento de la autoconciencia requiere de un deseo que se fije
sobre un objeto no-natural, sobre una cosa que supere la realidad dada.
El deseo pasa a ser entonces revelador de vacío, presencia de ausencia. Es otra cosa que la cosa deseada.
En síntesis, el deseo que conduce a otro deseo es sobre un Yo que no es un animal.
Si en Hegel se lee que el deseo humano ha de dirigirse sobre otro
deseo, en Lacan el aforismo que se desprende es: "el deseo es el deseo
del Otro".
Pero es necesario una red de deseos, una pluralidad de ellos para que
haya sociedad, y unos se fijen y entrecrucen con otros.
Recapitulando, el deseo se dirige hacia un objeto positivo dado. El
deseo humano se dirige sobre otro deseo, quiere ser deseado, reconocido
como individuo humano.
Pero este deseo tiene una aspiración máxima que consiste en ser
reconocido por la mayor cantidad posible de semejantes, y el punto
culminante sería lograr el reconocimiento del Estado Universal.
Recuerden lo que dijimos del amor, que no supera lo límites privados de los amantes. He ahí su propia limitación.
El reconocimiento implica un valor que es el que moldea los caminos del
deseo. Si admitimos que para el animal el valor supremo es conservar la
vida, para un hombre que se digne de tal, tendrá que arriesgar la vida.
Arriesgar la vida es ir más allá del valor animal, es erigirse sobre el
animal, es hominizarse.
Habíamos anticipado que existían dos modos de expresión de la acción
negatriz: una la lucha y otra, el trabajo. Por medio de la lucha se
transforma lo dado en lo histórico social y por medio del trabajo se
transforma lo dado en la naturaleza.
La lucha ha de ser a muerte y por puro prestigio. Ya ven que nos vamos acercando a nuestro tema, el del amo y el esclavo.
Amo y el esclavo que han sido traducidos muchas veces como Señor y Siervo. Personalmente prefiero la primera díada.
En esta lucha se pone en juego algo del orden del prestigio, y además,
se pretende alcanzar un reconocimiento del otro. Por lo tanto el
objetivo del prestigio no puede ser un objeto dado – léase animal -, es
decir, sin valor. Así una bandera recuperada en el campo de batalla
puede ser motivo de condecoración y merecedor de galones como
reconocimiento por ese acto de arrojo. Los animales no luchan por la
gloria y el honor.
El mito del amo y del esclavo
Para Aristóteles el esclavo lo es por naturaleza y así ha de permanecer
hasta el fin de sus días. En otras palabras, le desconoce naturaleza
humana.
Para Hegel en cambio, se es amo o esclavo – en la génesis de la
historia de la humanidad – como consecuencia del primer enfrentamiento,
a raíz del cual, si uno devino esclavo es porque ha renunciado a
arriesgar la vida.
El esclavo prefiere ser esclavo. Esto es coherente con la idea de que
el hombre puede crearse a partir del animal que fue, por medio de la
lucha.
Llevada esta lucha por puro prestigio hasta las últimas consecuencias,
debería concluir con la muerte de uno o de ambos adversarios. Pero si
esto sucede, no habrá quien los reconozca.
Para que la historia continúe – o se inicie, según se mire -, es
preciso que ambos sobrevivan. Que algo los detenga un segundo antes de
la muerte.
Y esto es exactamente lo que ocurre. Y es el esclavo quien renuncia a
su deseo y se somete al deseo del otro. De este modo el esclavo
reconoce al amo como tal y se hace reconocer por él como esclavo.
Es decir que después de este primer enfrentamiento el amo le impone al
esclavo un trabajo servil al que éste se somete voluntariamente.
El amo satisface su deseo – que sigue siendo animal, natural –
consumiendo lo que el esclavo ha producido con su trabajo. Sin embargo
eso opera una cierta transformación en el amo puesto que se satisface
sin hacer esfuerzo alguno, vive como gozador y deja de ser animal. Ha
realizado su humanidad como consumidor. Sufre pasivamente la Historia,
no la crea. Si evoluciona es al modo animal.
En este proceso se puede observar cierto adiestramiento por parte del
esclavo ya que es él quien crea, lo que el otro va a incorporar. Es el
esclavo el que podrá evolucionar voluntaria y activamente, es decir,
humanamente.
El amo sólo podrá evolucionar exteriormente , porque, fiel al principio
de identidad, permanece igual. Esta es su condición esencial – se
obstinará en su identidad consigo mismo (es ineducable).
Sólo el esclavo querrá dejar de ser lo que es. Sólo él podrá querer negar y superar su esclavitud.
Por lo tanto el destino del esclavo – según Hegel – es promisorio,
podrá ir trabajando y perfeccionando su liberación, hasta crear el
Ciudadano Libre del Estado Universal Homogéneo (que para Hegel era el
Imperio Napoleónico).
Alcanzado este punto pasa al estado de ser-sintético-total, ya no es ni
amo ni esclavo, sino el Hombre Único. Por su autonegación advino otro.
Habíamos partido de cierta condición –que ambos adversarios sobrevivan
después del choque – de nada vale matar al adversario. Es necesario
dejarlo con vida, lo fundamental es destruir su autonomía y someterlo.
El amo representa la conciencia autónoma o ser-para-sí y el esclavo el
ser-dado. El vencido depende del otro. El esclavo a optado por la vida
por eso es tal, esto porque sintió la proximidad de la muerte.
Ahora nos encontramos con un problema , el amo de buenas a primeras se
ve reconocido por un esclavo, al que él no le asigna ninguna dignidad.
Es reconocido por una cosa, por una animal, por un ser-dado. Por lo
tanto obtiene un reconocimiento sin valor. No es un hombre reconocido
por otro: ha erado el camino.
En "El Seminario VII","La Ética del Psicoanálsis" se puede leer lo
siguiente: "Encontramos en Hegel la desvalorización extrema de la
posición del amo, pues hace de él, el gran chorlito, el cornudo
magnífico de la evolución histórica..."
Así como desvaloriza la situación del amo, sobre valora la del esclavo.
Está claro que el esclavo está obligado a trabajar y se espera de él,
que trabajando devenga amo de la naturaleza y así podrá liberarse de su
propia naturaleza.
Se ve como Hegel deja la Historia en manos del esclavo y no del amo guerrero, ocioso y consumidor.
Por otra parte el esclavo reconoce el valor de la autonomía y de la
libertad en el Otro – esta es su ventaja -, ahora sólo le resta
imponérsele y superarlo.
Otra diferencia entre uno y otro consiste en que, mientras el amo
destruye consumiendo lo que se produce – le da satisfacción inmediata
al deseo -, el esclavo en cambio, debe dominar y rechazar su instinto.
Se cultiva y sublima trabajando; no destruye la cosa, posterga la
destrucción.
Para alcanzar la autonomía verdadera, es necesario pasar por la
esclavitud y la angustia de muerte que lo llevó a trabajar para otro.
Si como dijimos antes, Hegel ve en el esclavo las claves del progreso,
¿qué dirá Lacan al respecto? Dirá que Hegel olvidó una alternativa: la
del neurótico obsesivo.
Dice así en "Función y Campo....": "El obsesivo manifiesta en efecto
una de las actitudes que Hegel no desarrolló en la dialéctica del amo y
el esclavo. El esclavo se ha escabullido ante el riesgo de la muerte
donde le fue ofrecida la ocasión de dominio por puro prestigio. Pero
puesto que sabe que es mortal, sabe también que el amo desde ese
momento puede morir, puede aceptar trabajar para el amo y renunciar al
gozo mientras tanto; y, en la incertidumbre en que se producirá la
muerte, espera".
Más adelante agrega: "... a partir de lo cual vivirá, pero en espera de
lo cual se identifica a él pero muerto, y por medio de lo cual él mismo
está ya muerto.
No obstante se empeña en engañar al amo por la demostración de las buenas intenciones manifestadas en el trabajo".
En esta posición obsesiva el esclavo se puede quedar picando piedras
toda la vida, obediente y sumiso en calidad de espera. ¿Espera de qué?
De la muerte del amo. Pero si se queda esperando no va a superar su
situación dad como suponía Hegel.
¿Cómo puede avanza el esclavo? En "El Seminario I" encontré el
siguiente comentario: "...para esto el esclavo debe: afrontar la muerte
como todo ser plenamente realizado y que asume en el sentido
heideggerino su ser-para-la-muerte. Precisamente el obsesivo no asume
su-ser-para-la-muerte.
Más adelante continúa: "No hay más amo que al amo absoluto, la Muerte.
Pero el esclavo necesita cierto tiempo para percibirlo".
Otros comentarios de Lacan sobre este mito
En "El Seminario II" puede leerse en la página 115: "Hegel mostró (...)
que la realidad (...) de cada humano está en el ser del otro...Hay
alienación recíproca".
Acá se hace referencia a la fase del espejo –que veremos más adelante –
donde se manifiesta la agresividad de lo imaginario entre el amo y el
esclavo bajo la fórmula: "Él o Yo". "Si tú eres, soy yo el que no soy y
si yo soy eres tú el que no es".
Amo y esclavo, alienación recíproca de donde resulta que "El Yo es ese amo que el sujeto encuentra en ese otro".
Ahora bien, si el sujeto encuentra en el otro o ve en el otro la
función de dominio que el amo inspira, este amo es un yo implantado en
él. Es un Yo que como tal, en parte siempre le es ajeno.
El amo representa la Unidad Ideal y es la imagen anticipada al que el
esclavo aspira, es al que se lo dota de una capacidad de unidad y
dominio tal, que puede gobernar sobre toda tendencia y pulsión
imaginable.
El amo y el esclavo expresan esa dualidad interna del sujeto que se
halla en tensión entre el dominio y la unidad por un lado, y la
anarquía y fragmentación que experimenta interiormente por el otro.
Pero esta unidad, he aquí el problema, sólo es reconocible en el
exterior; el amo está afuera, es exterior.
Estas perspectivas imaginarias del mito tienen sin embargo prolongaciones que nos
En "El Seminario I" dice así: "En efecto, a partir de una situación
mítica, se organiza una acción y se establece y se establece la
relación del goce y del trabajo. Al esclavo se le impone una ley:
satisfacer el deseo y el goce del otro. No basta con que pida
clemencia, es necesario que vaya a trabajar. Cuando se va a trabajar
aparecen normas, horarios, entramos en el dominio simbólico".
Luego continúa: "De hecho el mito mismo sólo puede ser concebido como
ya ceñido por lo simbólico (...) En el mito hegeliano, la muerte no
está ni siquiera estructurada como temor, está estructurada como riesgo
(...) como apuesta. Porque existe desde el comienzo, entre el amo y el
esclavo, una regla de juego".
Esta regla de juego es el pacto simbólico que regula y pone límites a
la manifestación de la agresividad imaginaria. Poniendo límites hace
que la lucha no concluya con la muerte de los adversarios. Obliga a que
uno se rinda y cumpla con la Ley.
Pero par que haya un pacto simbólico es necesaria la palabra que es "el
vehículo por el cual nos reconocemos: si dan una contraseña no les
rompen la cara" . ("El Seminario II").
Por intermedio de esta contraseña nos reconocemos; para que esto ocurra
es necesario que haya un tercero y este tercer está en el inconsciente.
Otra cita, ahora de "El Seminario III": "Hace falta una ley, una
cadena, un orden simbólico, la intervención del orden de la palabra, es
decir el padre".
Ahora vayamos hacia la etología: el picón de ave tiene un territorio y
a la hora de iniciar una danza a modo de "vuelo nupcial", ocurre algo
inexplicable; el macho se toma un tiempo para hacer agujeros por
doquier delimita un área donde no puede ingresar otro macho; si lo
hiciera se desencadenaría el enfrentamiento: Lacan en este punto
recuerda a Sartre cuando relata los agujeros que el burgués hace en la
playa: SER-NADA.
Se observó que los agujero hechos durante el pavoneo implican un
comportamiento erótico de la agresividad. "Cuanto el picón macho no
sabe qué hacer en el plano de su relación con su semejante del mismo
sexo, cuando no sabe si hay o no que atacar, se pone a hacer lo que
hace cuando va a hacer el amor".
Es decir que estos agujero hacen de frontera que permiten reconocer uno
y otro lado: no habría amo y esclavo si no existiese una distribución
mínima de derechos y obligaciones para cada lugar.
Por último quería plantear una relación posible entre Hegel y Freud respecto a la muerte.
Con el fort-da como momento en que el infante accede al lenguaje, se
crea "un foso que delimita los alcances de su dominio y esto tiene
carácter de sepultura, que es el primer símbolo con el que reconocemos
la humanidad" ("El Seminario XI" "Los cuatro conceptos...").
Freud y Hegel se encuentran allí donde "el sujeto se manifiesta como el asesinato de la cosa".
A lo mejor deberíamos también nombrar a Sade, el marqués precursor de
Freud en esto del "poder nadificante al servicio de la creación".
Donde Fred ubica la pulsión de destrucción, Hegel coloca la muerte y Sade la Teoría del Crimen.
NOTAS
[1] Jacques Lacan. "El Seminario XI". "Los cuatro Conceptos
fundamentales del psicoanálisis". Ed. Síntesis.Bs. As. 1964., pág.221.
[2] Jacques Lacan. "El Seminario XVII". "El reverso del psicoanálisis.". Ed. Paidós Bs,As.- Barcelona.1969.
[3] Alexandre Kojeve. "La dialéctica del amo y del esclavo en Hegel". Ed.La Pléyade. Bs. As. 1982.
[4] Alexandre Kojeve. "La dialéctica de lo real y la idea de muerte en Hegel". Ed La Pléyade. Bs. As. 1984.
[5] Jaques Lacan. "El Seminario II"." El yo en la teoría de Freud y en
la técnica psicoanalítica". Ed. Pidós. Bs. As.-Barcelon - México.
[6] Jacques Lacan. "La tercera". Ed. Manantial. Bs. As. 1988, pág. 104.
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